El médico le ha colocado a su bebé una derivación ventriculoperitoneal bajo la piel. La derivación consta de dos tubos finos (catéteres) conectados por una válvula. La derivación drena el exceso de líquido del cerebro de su bebé al abdomen. El cuerpo de su bebé puede absorber ese exceso de líquido sin que le cause ningún daño.
Después de la cirugía, es posible que el cuello o el abdomen de su bebé estén sensibles. Sin embargo, el bebé no debería sentir mucho dolor. Es posible que observe que la hinchazón de la cabeza de su bebé disminuye de inmediato. Su bebé tendrá un bulto en la cabeza, en el lugar donde se encuentra la válvula. En algunos casos, la derivación no se nota al tacto bajo la piel. La zona alrededor de los puntos o grapas puede estar sensible durante aproximadamente una semana. Si es necesario, el médico le retirará los puntos o grapas a su bebé.
Mientras su bebé se recupera de la cirugía, permanecerá en la unidad de cuidados intensivos neonatales (UCIN). Es posible que su bebé permanezca allí varias semanas o más tiempo. El médico le dirá cuándo podrá llevarse a su bebé a casa.
El equipo médico de la UCIN estará atento a cualquier señal de infección o indicio de que la derivación no funciona correctamente. Entre estas señales se incluyen el abultamiento de la fontanela, un crecimiento rápido del perímetro craneal, irritabilidad, dificultades para alimentarse, vómitos y somnolencia inusual (letargo).
Si la derivación de su bebé se infecta o deja de funcionar correctamente, es posible que haya que retirarla o sustituirla. Si no surgen problemas, la derivación de su bebé puede permanecer colocada durante años.